Pensar, sentir, comprender

Un espacio donde comparto reflexiones sobre emociones, relaciones, autoestima, límites y aquellos patrones que a veces condicionan nuestra manera de vivir y relacionarnos.

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Existe la creencia, no muy reflexionada, en la generalidad de la población, de que las personas somos una mente a la que acompaña un cuerpo para hacerla funcional; en realidad, esto no es así: somos un todo. El cuerpo es muy sabio, todo funciona milimétricamente, nuestro organismo es perfecto.

En términos generales, cuando se le pregunta a alguien «¿Tú qué eres?», responde con su profesión o, en su caso, con su dedicación; la identificación la solemos establecer con el rol profesional, vocacional... que ocupamos socialmente. Todas estas respuestas tienen una pregunta más afín: «¿A qué te dedicas?». Pero tendemos a confundir lo que somos...

El pasado martes participé en el Círculo de Hombres al que llevo acudiendo asiduamente un tiempo. El artículo que un compañero había publicado días antes, Simbiosis, nos dio pie para comenzar a dialogar, y esos diálogos nos fueron llevando por diferentes reflexiones.